Gregorio Santos y el financiamiento de los partidos políticos

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EL ALTIPLANO

Dr. Hugo SALINAS
salinas_hugo@yahoo.com
La detención de Gregorio Santos, presidente de la Región Cajamarca, pone a discusión un tema que las organizaciones políticas de izquierda han desestimado por falta de claridad en la construcción de una nueva sociedad, un nuevo mundo, el hombre nuevo.
Es indiscutible que el funcionamiento de una organización política exige un cierto nivel de financiamiento. Y esta exigencia es mayor aún si se tienen que realizar grandes movilizaciones de masas como la Marcha Nacional del Agua, congresos nacionales y departamentales de las organizaciones políticas y sociales. La defensa del agua, del medio ambiente, las luchas sindicales y políticas, en Cajamarca como en Piura, Chiclayo, Ancash, Cusco, Puno…, tienen un elevado costo. ¿Las organizaciones sociales y políticas que asumen su defensa tienen la capacidad financiera para ejecutar las movilizaciones que cada caso exige?
Es evidente que no, porque el aporte de los militantes no es suficiente. La práctica ha sido recurrir a usar los fondos de las instituciones a las cuales tenían que defender. Todo lo contrario sucede con las organizaciones políticas y sociales de la derecha porque, sus militantes y simpatizantes son los que manejan la economía del país a través de sus empresas, en forma individual o en alianza con las grandes multinacionales. El dinero les sobra para comprar conciencias, medios de comunicación, jueces, policías y políticos.
Por experiencia propia, la soledad de la prisión es una buena consejera. Porque es hora de pasar de la defensa estéril a la construcción real de nuestro futuro. Y eso, desde ahora. Ya hemos perdido mucho tiempo y ocasiones históricas para construir nuestro propio futuro. Y este futuro no está compuesto únicamente ni de discursos ni de movilizaciones, sino de una realidad concreta: la creación de la base económica de la nueva sociedad. Y esto se concretiza en la creación de empresas que contienen los mecanismos conducentes a la gran transformación.
Seguimos pretendiendo llegar al Poder para, a partir de allí comenzar a construir nuestro nueva sociedad y economía. Y en ese intento, puesto que no contamos con los recursos financieros suficientes, se comenten los errores que empañan nuestra lucha, nuestras esperanzas. Es bien sabido que cada campaña para alcanzar un puesto político, por más insignificante que sea, requiere de un nivel de financiamiento. No podemos seguir siendo ciegos e indolentes a esta evidencia que nos conduce directamente a malos manejos, a comportamientos que precisamente queremos eliminar.
En mi libro “Las empresas-país y la gran transformación” muestro que ahora existen las condiciones teóricas y materiales para comenzar a crear dichas empresas. Las empresas-país sientan las bases de la gran transformación, generan el comportamiento del nuevo empresario, inician el proceso de eliminación del desempleo y, por su autonomía con los fondos públicos, dan una capacidad financiera que no está ligada a actos de corrupción.
Las organizaciones progresistas y de izquierda siguen luchando en movimientos de protesta y de defensa los mismos que, por su naturaleza, no ponen en la orden del día la exigencia de construir desde ahora las bases económicas de la nueva sociedad. Una actitud seria hacia la gran transformación nos debería interpelar sobre este comportamiento que, en cierto modo impide o, por decir lo menos, desvía una lucha por la transformación que es la exigencia real de las mayorías.
San Juan de Lurigancho, Lima, 27 de junio del 2014.

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