Derecho de precedencia: Una cuestión de ciudadanía y amor

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EL ALTIPLANO

Washington

Escribe: Ericka Penedo y Cristiano Trindade De Angelis.

Durante la pandemia leemos varios tuits de personas que quieren volver al trabajo: “La seguridad se crea en el trabajo”, “estamos listos para abrir con seguridad”, “comencemos de nuevo para sentirnos vivos”, “levantemos las persianas para levantar el Perú”, “Articulo 1: Perú es una república democrática fundada en el trabajo”, “devuélvannos nuestro trabajo”, “si no abrimos no comemos”, “hágannos felices no nos dejen morir”, “Si nos quedamos sin dinero después nos quedaremos sin salud”, “abramos hoy para no tener que cerrar para siempre”, “No estamos bien”.

De todos los mensajes, lo que más se ha repetido es: “No estamos bien”. ¿Y por qué no está todo bien? Porque la gente piensa sólo en sus propios intereses y los más frágiles no logran luchar por sus derechos.

Aunque la mascarilla proteja la boca y la nariz y los guantes puedan dar seguridad para volver al trabajo lo antes posible, primero debemos aprovechar de la pandemia para reflexionar sobre los derechos humanos más elementares.

Los avisos en las tiendas, autobuses, correos, hospital, bancos etc. que invitan a las personas a dar prioridad a los ancianos, a las mujeres embarazadas y a los discapacitados son simplemente una invitación a ejercer la ciudadanía, pero que a menudo no conduce al sentido común y a una buena educación, ya que la sociedad, en el deseo de obtener la máxima ventaja y “protegerse” del corona virus, ha terminado olvidándose de sus valores.

“La mayoría de la gente está paralizada por un sentimiento de Schadenfreude, la palabra germánica que ha sido adoptada por el inglés y otros idiomas ya que no existe otra palabra para describir lo que denota: el gusto malicioso de ver las desgracias de los demás. Esta palabra apareció por primera vez en inglés en 1852 en el libro ‘Study of words” del filólogo Richard Chenevix Trench. La palabra Schadenfreude refleja una moral interior degradada, que genera placer cuando uno ve o percibe las calamidades de los demás.

Hay muchas personas que no pueden ver a otros bien o hacendo algo diferente, están celosas, y buscan la competición en lugar de la colaboración. No pueden respetar las reglas, pensan más en la distracción que en la evolución, más en la ventaja temporal que en el amor a los demás.

El gobierno republicano debe actuar activamente con una norma especial a favor de los grupos más frágiles para equilibrar la desigualdad existente y así proporcionar un momento de crecimiento cultural y social.

De acuerdo con la ley 28683 de 2006 las entidades públicas e privadas de uso público deben Implementar un mecanismo de presentación de quejas contra funcionarios públicos, servidores o empleados, que incumplan su obligación de otorgar atención preferente. Así como llevar un registro de control de las sanciones que impongan, las cuales deben poner en conocimiento de la municipalidad correspondiente. La ley 29973 de 2017 exige que los programas sociales brindan atención preferente a la persona con discapacidad, especialmente a las mujeres, niños, niñas y a quienes vivan en situación de pobreza para sufragar gastos relacionados con su discapacidad y los organismos vinculados a la administración de justicia garantizan la tutela preferente y accesibilidad de las personas con discapacidad.

Sin embargo, hay otras maneras de aprender que el respeto por las personas con limitaciones es mucho más que una cuestión de precedencia, es una cuestión de igualdad de derechos.

¿Por qué no nos imaginamos en la situación de tener que movernos por la ciudad realizando nuestras acciones cuotidianas y además sentados en una silla de ruedas de modo que nos permita empatizar con una persona de movilidad reducida? Esto podría contribuir a hacer más clara y evidente la necesidad de una regulación más efectiva de los derechos de precedencia.

Con el lema equivocado “Cuídate a ti mismo que así cuidarás al otro” que vemos en la mayoría de los medios de comunicación, sigue siendo sólo un deber moral para algunas personas el ayudar a aquellos que más lo necesiten, favoreciendo el propio buen vivir de todos los días. Es un gran desafío en nuestra sociedad que, frente a una necesidad, busca ante todo el interés personal para satisfacer el egoísmo. En este sentido, un reglamento sería absolutamente bienvenido para traer un poco de civilidad, que disminuye cuando aumenta la dificultad, cuando en realidad debería ser exactamente lo contrario.

En el contexto actual de propagación del coronavirus, existe una creciente necesidad de promover la cuestión de la precedencia mediante la práctica de la ley.

Sin embargo, como todavía estamos en el proceso de evolución, en estos momentos de pandemia el gobierno debe estimular a través de campañas e intervenir activamente con beneficios en favor de las categorías más débiles, a fin de equilibrar las desigualdades existentes y así proporcionar crecimiento cultural, social e incluso económico.

A pesar de lo que la ley presenta o no, la pandemia debe utilizarse para encontrar un equilibrio siempre favoreciendo a los más necesitados, en el más estricto “Principio de Equidad”.

En la ley medieval, Santo Tomás de Aquino desarrolló el concepto de equidad propuesto por Aristóteles bajo el sesgo cristiano de amar a los demás como a nosotros mismos.

El enfoque del desarrollo como libertad del Premio Nobel de Economía, Prof. Armatya Sen, puede articular las cuestiones de derechos humanos, educación y ciudadanía de manera consistente.

El desarrollo de la ciudadanía es un proceso de maduración democrática popular que va de la mano con las cualificaciones individuales y colectivas y la consolidación de mecanismos de gobernanza institucional es tituladores efectivos y, por lo tanto, un “impulso inicial” del gobierno es importante. El aumento de la inversión en investigación y educación y campañas en el campo de la ética, la moral y la ciudadanía, el intercambio de conocimientos y soluciones con la sociedad y otros países tienen el potencial de cambiar creencias, valores, suposiciones y mejorar la ciudadanía.

Por lo tanto, el desarrollo de la ciudadanía es una cuestión de práctica y teoría; arte, así como la ciencia. Sobre todo, es un largo proceso histórico de educación y amor por los demás.

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